
Vigilante escuchaba inexpresivo, acordándose de sonreír. Esa clase de cumplidos significaban muy poco para él. El Congreso Mundial y sus senadores significaban aún menos. ¿Había algún androide en el Congreso? ¿Supondría alguna diferencia si lo hubiera? Sin duda, algún día el Partido para la Igualdad de los Androides conseguiría meter a algunos de los suyos en el Congreso. Tres o cuatro Alfas se sentarían en tan augusto lugar, pero los androides seguirían siendo propiedades, no personas El proceso político no inspiraba la menor confianza a Thor Vigilante.
Sus propias ideas políticas eran definitivamente cercanas al Partido Eliminacionista: en una sociedad transmat, donde los lazos nacionales eran algo obsoleto, ¿para qué tener un gobierno formal? Que los legisladores se abolieran a sí mismos. Que prevaleciera la ley natural. Pero sabía que la eliminación progresiva del Estado que predicaban los eliminacionistas nunca se haría realidad. La prueba viviente era el senador Henry Fearon. La paradoja definitiva: un miembro del partido antigobierno ocupando un cargo en el gobierno, y luchando por conservar su escaño elecciones tras elecciones. La eliminación cuesta, ¿eh, senador?
Fearon alabó extensamente la industriosidad de los androides. Vigilante se inquietó. Mientras estaban allí arriba, el trabajo no avanzaba. No se atrevía a permitir que elevaran bloques mientras había visitantes en la zona de construcción. Y tenía unas fechas que cumplir. Para su alivio, Krug ordenó pronto el descenso; al parecer, el viento creciente molestaba a Quenelle. Cuando bajaron, Vigilante guió a los visitantes al centro principal de control, invitándolos a ver cómo se hacía cargo de las operaciones.
