—¿Cuándo estará terminada?—preguntó Clissa.

—En menos de un año —respondió el androide—. Hasta ahora, todo va muy bien. El mayor problema técnico era evitar que el permafrost de debajo del edificio se derritiera. Pero ahora ya está solucionado, y deberíamos ser capaces de construir varios cientos de metros al mes.

—¿Y por qué pensasteis construir aquí?—quiso saber ella—. Si el suelo no es estable…

—Aislamiento. Cuando la ultraonda funcione, disrrumpirá todas las líneas de comunicación, transmats y generadores de energía en cientos de kilómetros a la redonda. A Krug sólo le quedaban como elección el Sáhara, el Gobi, el desierto australiano o la tundra. Por razones técnicas relativas a la transmisión, la tundra parecía lo más adecuado…, si se solventaba el problema del permafrost. Krug dijo que construyéramos aquí, así que encontramos una solución para el problema del permafrost.

—¿Cuál es la situación del equipo de transmisión?—preguntó Manuel.

—Empezaremos a instalarlo cuando la torre alcance los quinientos metros de altura. A mediados de noviembre, más o menos.

La voz de Krug les llegó como un rugido.

—Ya hemos colocado en el espacio los cinco satélites, que serán las estaciones amplificadoras. Un anillo de fuentes de energía rodeando la torre…, suficiente para lanzar con toda claridad nuestra señal a Andrómeda.

—Un proyecto maravilloso —intervino el senador Fearon.

Era un hombre vivaracho, llamativo, con unos sorprendentes ojos verdes y una mata de pelo rojo.

—¡Otro paso de gigante hacia la madurez de la humanidad! —Con un cortés asentimiento hacia Vigilante, el senador añadió—: Por supuesto, debemos reconocer nuestra inmensa deuda para con los androides que están llevando a cabo este milagroso proyecto. Sin tu ayuda y la de tu gente, Alfa Vigilante, no habría sido posible llegar…



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