Por ahora, la torre no es más que un tocón cristalino, hueco, sin tejado, resguardado de los elementos sólo por un campo repulsor que pende como un escudo pocos metros por encima del nivel superior de trabajo. Alrededor de la estructura inacabada, se arremolinan los equipos de trabajadores androides, miles de humanos sintéticos, de piel escarlata, que se afanan en sujetar bloques de cristal a grúas y enviarlas hacia la cima, donde otros androides colocan los bloques en su sitio. Krug hace que sus androides trabajen las veinticuatro horas del día, en tres turnos. Cuando oscurece, el emplazamiento de la construcción recibe luz de millones de placas reflectoras, distribuidas por todo el cielo a una altura de un kilómetro, y alimentadas por un pequeño generador de fusión, situado en el extremo norte del emplazamiento, con potencia para un millón de kilovatios.

Desde la enorme base octogonal de la torre surgen anchas bandas trenzadas de refrigeración, enterradas cincuenta centímetros en la alfombra helada de tierra, raíces, musgo y líquenes que es la tundra. Las trenzas se extienden muchos kilómetros en cada dirección. Sus células difusoras de helio-II absorben el calor generado por los androides y los vehículos utilizados para la construcción de la torre. De no ser por las trenzas, la tundra quedaría transformada en un lago de barro. Los cajones neumáticos que dan base a la colosal torre perderían su asidero, y el gran edificio se tambalearía y derrumbaría como un titán caído. Las trenzas mantienen la tundra congelada, capaz de soportar la inmensa carga que le impone Simeon Krug.

Alrededor de la torre se agrupan otros edificios, en un radio de mil metros. Al oeste del emplazamiento se encuentra el centro principal de control. Al este está el laboratorio donde tiene lugar la fabricación del equipo de comunicaciones, basado en las ultraondas de un rayo de taquiones: una pequeña cúpula rosada, en la que suele haber diez o doce técnicos ensamblando pacientemente los instrumentos con los que Krug espera enviar mensajes a las estrellas.



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